Por Eloge Willy Kaneza

Portland, Maine — En una conmovedora carta abierta dirigida al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a todas las personas de buena voluntad, una refugiada congoleña —identificada aquí como Sabine Magna, un seudónimo usado para proteger su identidad— comparte un desgarrador relato de miedo, exilio y supervivencia. Nacida en la República Democrática del Congo, huyó de su país natal tras recibir amenazas de muerte de agentes del gobierno.

Ahora residente en Estados Unidos, afirma haber escapado de un peligro solo para encontrarse atrapada en otro: el miedo constante a ser arrestada, deportada y a ser arrancada de la vida que intenta reconstruir con sus hijos.

«Vivo con miedo en el estómago», escribe. «Miedo de salir a buscar trabajo, incluso cuando mis hijos tienen hambre. Miedo de ir al hospital cuando uno de ellos enferma».

El sueño americano, que se desvanece

Sabine afirma que creció idolatrando a Estados Unidos: una tierra de libertad, un país donde se respeta la dignidad humana. Pero ese sueño, dice ahora, se está convirtiendo en una pesadilla. Viviendo sin estatus legal, se esconde en las sombras, como miles de personas que buscaron refugio en suelo estadounidense.

«Vivimos en las sombras, escondidos, psicológicamente rotos— pero en silencio».

Describe que no puede alimentar a sus hijos porque tiene demasiado miedo de trabajar. Evita llevarlos al médico por miedo a ser rastreada y arrestada. «¿Qué hemos hecho para merecer esto?», pregunta. «¿Por qué tanto rechazo a seres humanos que solo quieren vivir en paz?»


Un llamado directo al presidente Trump

La carta de Sabine no es solo un grito de angustia —sino un llamado directo al sentido de justicia y humanidad del presidente Trump. Lo insta a ver el sufrimiento detrás de las estadísticas de inmigración, a comprender el miedo grabado en la vida cotidiana de madres como ella.

«No se construye un país más fuerte destrozando a quienes ya están desmoralizados.


No se protege a una nación aplastando a los más vulnerables».

Lo invita a ponerse en su lugar, a imaginar a sus propios hijos llorando de hambre o miedo, y a considerar las insoportables decisiones que ella se ve obligada a tomar.

Una vida en juego

Su carta termina con una declaración escalofriante que revela la profundidad de su desesperación:

“Si un día vienen a arrestarme y me devuelven, preferiría morir.


Porque devolverme es condenarme a muerte”.

El testimonio de Sabine Magna arroja luz sobre un aspecto del debate migratorio que a menudo se pasa por alto: el lado humano. A medida que aumentan las tensiones políticas y las políticas se vuelven más restrictivas bajo la administración Trump, sus palabras sirven como un duro recordatorio de que detrás de cada caso, detrás de cada cifra, hay una vida, una familia y una frágil esperanza de seguridad.

Su voz se une a un coro creciente de solicitantes de asilo que no buscan compasión, sino ser vistos, escuchados y tratados con dignidad.